28 de junio de 2013

LA NUEVA AVENTURA DE SNOWDEN

 BIENVENIDOS AL GRAN HERMANO
POR: MARLON PUERTAS

¿Y ahora qué podremos escribir, con la nueva Ley que nos rige?¿Sobre hechos consumados?

Un hecho es que hemos vuelto a las primeras planas del mundo por la posibilidad de dar asilo a Edward Snowden. Hasta unos apurados periodistas internacionales llegaron a Quito, pensando que la llegada del exempleado de la agencia de Inteligencia de los Estados Unidos sería sencilla, con eso de que somos soberanos y que damos asilo a quienes queramos.

Esos periodistas pueden seguirlo esperando mucho tiempo, pero el asunto no resultó tan fácil. Ahora mismo está bloqueada una zona de tránsito en un aeropuerto de Moscú, a lo Tom Hanks. El tema pasó a ser manejado entre potencias, dejando las intenciones y el protagonismo del Gobierno de Ecuador en un segundo plano.

¿Qué es lo que está en discusión entre los gobiernos que se han pronunciado por este escándalo? ¿Que el espionaje, en ninguna de sus formas, es una herramienta válida? ¿Que para prevenir los delitos provenientes del crimen organizado sí es válido? ¿Que se vale casa adentro, pero no casa afuera? ¿Que hay gobiernos que lo hacen y otros que nunca lo harían?

Ay, los políticos, que de acuerdo a sus ideologías califican de buena o mala alguna acción, pero que finalmente la terminan repitiendo, de una u otra forma, con el mismo o con otro nombre. Pero ahora, por ley, en nuestro país toca hablar bien de ellos, porque en cualquier momento pueden denunciar que son víctimas del linchamiento mediático.

En el fondo de todo esto, los ciudadanos del mundo, que somos los principales afectados. Hablo de los buenos ciudadanos. Los que trabajan honestamente, llevan vidas decentes, no tienen cuentas con nadie. Y que, pese a eso, ya no tienen la seguridad de que alguien no pueda estar fisgoneando en su Facebook, monitoreando su cuenta de Twitter o escuchando su conversación telefónica privada.

Estamos metidos en una guerra mundial por la información. Leí que esa será la tercera guerra mundial. Y que los ejemplos de Assange y Snowden son los primeros, pero, desgraciadamente, los más insignificantes y débiles en relación a los que se vienen. Imagínense como serán.

Es la sociedad del Gran Hermano de la que habló Orwell, con la diferencia de que aquí nadie admite que tiene la pantalla central en su dormitorio.

Todo se lo hace con el argumento de enfrentar el crimen, implantar el orden. Bonito argumento. Suena perfecto, como si quienes operan estos sistemas también lo fueran. Impolutos. Inmaculados. Incapaces de que se les cruce por su mente, en algún momento de furia partidista o ideológica, escuchar demás.

No sé porqué a esta tarea la llaman inteligencia. Palabra grande, que demanda sacrificio y coeficiente intelectual. Para lo demás, que el trabajo lo hagan unas máquinas. (Tomado de Diario Hoy, 27 de junio del 2013)

21 de junio de 2013

PONIÉNDOME AL DÍA


 ¿POR QUÉ ODIAMOS?
Por: Umberto Eco

Pensaba que ya había dicho todo lo que tenía que decir acerca del tema, pero en una conversación reciente con mi amigo Thomas Stauder emergieron nuevos puntos —o, al menos, nuevos para mí—. Esta fue una de esas discusiones después de las cuales uno no puede recordar quién dijo esto o quién dijo aquello, pero nuestras conclusiones coincidieron.
La gente tiende, con una tontería más bien presocrática, a ver el amor y el odio como alternativas necesarias y simétricas entre sí. O sea, que si no amamos algo debemos odiarlo, y viceversa. Obviamente, sin embargo, hay un número infinito de matices entre ambos polos. Incluso si empleamos metafísicamente los términos, el hecho de que yo ame las pizzas no quiere decir que odie el sushi —simplemente, me gusta menos que la pizza—. El hecho de que ame a alguien no significa que odie a todos los demás; lo opuesto del amor fácilmente podría ser la indiferencia. Yo amo a mis hijos y soy indiferente al conductor de taxi que me recogió hace un par de horas.
Pero el punto real es que algunos tipos de amor son aislantes, exclusivos. Si estoy enamorado locamente de una mujer, espero que ella me ame a mí y no a otros (al menos, no en la misma forma). En forma similar, una madre siente un amor apasionado por sus hijos y desea que ellos la amen en una forma especial, y nunca se sentiría obligada a amar a los hijos de otra gente con la misma intensidad. El amor, entonces, en su propia forma es egoísta, selectivo y posesivo.
Por supuesto, está el mandamiento que nos dice que “amemos” a nuestros vecinos —a los 7 mil millones de ellos— como nos amamos a nosotros mismos. En la práctica, no obstante, este mandamientos nos exhorta a no odiar a nadie; no espera de nosotros que amemos a un desconocido en la misma forma que amamos a nuestros padres o nietos.
Yo amo a mi nieto más que, digamos, a un cazador de focas a quien nunca he conocido. Esto no quiere decir que no me importaría en absoluto si un hombre al otro lado del mundo pereciera, pero siempre me sentiré más conmovido por la muerte de mi abuela que por la de un extraño.
El odio, por otra parte, puede ser colectivo; de hecho, bajo regímenes colectivos en particular, debe ser colectivo. Cuando yo era niño, el Partido Fascista me pidió que odiara a todos los hijos de Albión, y, cada noche, Mario Appelius recitaba por la radio su ritual “Que Dios maldiga a los ingleses”. Eso es lo que dictadores y populistas desean —y también las religiones, entre sus facciones fundamentalistas— porque el odio hacia un enemigo común une a la gente y la hace arder con el mismo fuego.
El amor calienta el corazón sólo hacia unas cuantas personas selectas; el odio calienta los corazones de todos los que están en tu bando, y puede movilizar a un grupo a discriminar a millones de seres: una nación, un grupo étnico, personas cuya piel tiene un color diferente al tuyo o gente que habla un idioma diferente. Un italiano racista puede odiar a todos los albanos o rumanos o gitanos. Umberto Bossi, líder del Partido de la Liga del Norte en Italia, odia a todos los italianos del sur (y, dado que su salario es pagado parcialmente con los impuestos de los sureños, se trata de una obra maestra de malevolencia, al unir el odio con el placer de añadir insulto a la herida). Cuando era primer ministro, Silvio Berlusconi dejó en claro que odiaba a los jueces y pidió al pueblo que hiciera otro tanto, y que también odiara a los comunistas, aunque eso pudiera significar conjurar visiones de ellos donde ya no existían.
El odio, en consecuencia, no es individualista sino generoso e inclusivo, acogiendo a muchedumbres con un solo aliento. Sólo en las novelas se nos dice que es hermoso morir por amor; y usualmente el héroe más digno de ser emulado es aquel que encuentra su fin al derrotar al villano —el odiado enemigo—.
La historia de nuestra especie ha estado marcada más por el odio, las guerras y las matanzas que por actos de amor, que son inherentemente menos cómodos y también bastante fatigosos si se extienden más allá del círculo inmediato de nuestro egoísmo. Nuestra atracción por los deleites del odio es tan natural que los líderes manipuladores no tienen el menor problema para cultivarlo; mientras tanto, en ocasiones parece que somos alentados a amar sólo por personajes ficticios nada atractivos que tienen el hábito desconcertante de besar a leprosos.
* Novelista y semiólogo italiano.


LA VIDA Y LA MUERTE, EL DILEMA DE SIEMPRE

La frase del dibujo es una versión de Pedro Atienza, (utilizada con su consentimiento) basada en una cuarteta de Fernando Pessoa. La misma que fue cantada por Vicente Soto en el album "Pessoa Flamenco".




 CON DERECHO AL PATALEO

Por: Marlon Puertas

Hay que aprovechar que aún no está vigente la Ley de Comunicación. Apurémonos. Digamos lo que tenemos que decir. Ahora o nunca.

Tengo que decir, por ejemplo, que los más beneficiados con la dichosa Ley son los publicistas, que tendrán harto trabajo con la expulsión de las publicidades extranjeras. Bueno, con que den más trabajo, está bien.

De los artistas nacionales, no sé que tanto beneficio tengan, así se obligue a pautar sus canciones hasta un 50%. Digo eso porque el talento no se mide a fuerza de repetición, sino que resalta y gana espacios por su propia creatividad: que lo digan AU-D, Verde 70 y Tranzas. Otra cosa es que por su difusión no sean bien pagados. Lo cierto es que todavía no se inventa la ley que por sí sola dé origen a nuevos talentos.

Igual están recontra agradecidos algunos artistas. Salen felices en las cadenas del Gobierno a resaltar lo buena que es la Ley. Este es el Gobierno de los artistas, quién lo duda.

Lo demás ya se ha dicho. El periodismo de investigación está amenazado con la norma del linchamiento mediático, impuesto a última hora, sin debate, para que nadie siembre dudas de la perfección de la norma.

El primo Pedro podría ser uno de los primeros en acogerse a ese postulado revolucionario. Hasta sus excamaradas le dieron como bombo en fiesta por su travesura juvenil.

Y la otra novedad es esa de catalogar como censura previa a las decisiones que se toman dentro de una redacción para cubrir o no cubrir una noticia.

Ahora resulta que si no se quiere cubrir una sabatina y publicar sus floridos contenidos, podría llegar a establecerse como que no se cubre un asunto de interés público. Y por lo tanto, habría censura previa. Esto es solo un ejemplo de lo que podría interpretarse con la norma aprobada.

Eso de creerse el centro del mundo, siempre, hace daño. A la gente realmente le interesan cosas mucho más cercanas a su entorno que los discursos elaborados con frases de Tomás Moro.

El nuevo Superintendente tendrá que ser un docto en periodismo. Así lo demandan sus funciones. Esperamos que sea un maestro en la materia y no como el Defensor del Pueblo, que se mete en asuntos de redacción periodística y termina pidiendo que se otorguen disculpas al colectivo GLBTI, que ni siquiera se unió a la protesta del Mashi en contra de este Diario.

A propósito de HOY, para que vean que algo bueno ha tenido: el defensor -la defensora, actualmente- del Lector. Esto se recoge en la ley aprobada, obviamente siguiendo el buen ejemplo que ha puesto este diario. De nada.

Queda el derecho al pataleo, que en la Constitución se consagra como de la resistencia, aunque nadie mismo sabe cómo se aplica y de qué sirve. Pero está escrito.

8 de junio de 2013

El coctel suicida no lleva cicuta

"Correa was right, God is brazilian, the Pope is argentine and we were expelled from paradise that it was Ecuador"


Por: Gonzalo Dávila Trueba

Cuando hace años me operaron del apéndice, primero que nada y con una Gillette me dejaron "llambito" y luego me tajaron para sacarme con gubia la tripa podrida. El éter y el mertiolate terminaron con la ilusión de "sobrarme" por haber sido operado (ahora no sienten nada y les chupan lo podrido por el pupo).

Con la explotación minera se aferran a la idea de afeitar una amplia zona de la selva y una vez "llambita" depositar en ella millones de metros cúbicos de un feo lodo espeso, altamente contaminante, que es el material pétreo mezclado con cianuro del cual ya se extrajo todo el preciado metal (favor imaginarse este dantesco cuadro).

La mina escondida bajo el follaje tenía un montón de seres vivos condenados a desaparecer. Conforme avance la explotación lograremos igualar a México, que ya tiene un huecazo de 3,5 kilómetros de diámetro; pues para lograr 30 kilos de cobre requieren triturar 4 toneladas de piedra extraída de 600 metros de profundidad (favor imaginarse el cráter).

La inmensa llaga abierta en la selva es, por sí misma, la destrucción de aquel medio ambiente y no habrá por qué "sobrarse" ante las futuras generaciones por este catastrófico legado. ¿Por qué no aguantarnos un chance hasta que podamos sacar el cobre por el pupo de las montañas? Se llama sabiduría y tecnología de los pueblos que entendieron la misión del planeta.

Receta: póngase en la coctelera 2 onzas (60 cc) de agua de los acuíferos de Campo Mirador, añada una onza de material pétreo del mismo campo, bátalo con una ramita de drago del lugar y sírvase en copa de Martini: se llama "Lodo Venenoso" y es ideal para suicidas pues mueren envenenados o taponados. Pero que mueren, mueren.

Parado en la calle miraba cómo, sin escrúpulo alguno, los emisarios de la Empresa Eléctrica destrozaban los árboles que se habían atrevido a crecer y oxigenar la ciudad. Les pregunté si tenían algún conocimiento de cómo podarlos, a lo que me respondieron: ¡Con machete! Lo que es en grande, también es en pequeño, pensé.

¿Será que nos falta cushqui? Eso explicaría por qué andamos con birabarquín agujereándolo todo para fisgar como se baña la vecina, las chequeras de los otros, las arcas de los bancos y su contenido, utilidades de las empresas, décimos sueldos para repartidos mensualmente, en fin, cushqui para que se haga chuya el circulante y fluya buenamente a punto de miel y los zánganos aprovechen de ello y las obreras trabajen no más.