27 de abril de 2013

"EL JAGUAR LATINOAMERICANO"



Por: Diego Ordóñez

ordonez@hoy.com.ec / Tuitter: @diegoordonezg

Un funcionario de tercer nivel del Gobierno alemán ha entusiasmado el espíritu propagandístico y el notable parroquialismo del Gobierno ecuatoriano. Calificar al Ecuador como el jaguar latinoamericano estableciendo una relación con los niveles de desarrollo de los denominados tigres asiáticos no pasa de ser una cortesía diplomática o un espejismo.. Las cifras y la naturaleza de los procesos que llevó a países del sudeste asiático a superar el subdesarrollo, e incluso lo sucedido en otras economías latinoamericanas comparadas con las que exhibe al Ecuador no permiten otorgarle un apodo tan pretensioso.

Durante la dictadura de los setenta que administró el primer boom petrolero, la tasa promedio de crecimiento fue superior al 6%, debido a que el precio del petróleo se incrementó en 18 veces. La nueva riqueza se desbordó en gasto, en deuda y en corrupción. Hasta la década de los ochenta en la que la combinación entre la crisis mejicana y la caída de los precios de petróleo, demostró que el crecimiento previo fue pomposo y sin estructura. Fue necesario medidas drásticas para reducir el gasto. 

Desde el año 2000 los precios del petróleo volvieron a repuntar. Modestamente hasta el año de inicio del correísmo desde el que, providencialmente para los fines electorales del caudillismo en ciernes, el precio llegó a ser entre  tres y cuatro veces superior. Con ingresos no tan abundantes como los acumulados desde 2007, en 2004 se logró la tasa de crecimiento más alta de toda la década. En tiempo del correísmo y del Gobierno de un economista, no se ha alcanzado siquiera igualar el 8.82% de crecimiento en ese año.

Lo que ha sido uniforme en la década es la dependencia patológica del precio del petróleo. Los niveles de crecimiento del sector no petrolero están ligados al consumo derivado de la elevada liquidez por los altos niveles de gasto estatal. Construcción, servicios y comercio, crecen. Pero en niveles muy modestos crece el sector manufacturero y agroindustrial. Y aquí radica la inmensa diferencia del proceso de los tigres asiáticos y de los verdaderos tigres latinoamericanos. En ninguno de ellos el crecimiento ha estado ligado a la expansión del rol económico del Estado, sino orientado hacia el crecimiento del sector externo y al fuerte flujo de inversiones externas. En ninguno de ellos, sus gobernantes proferían consignas socialistas –retóricas, calenturientas y románticas- sino por el contrario, apostaron, con variaciones, a un sistema capitalista y en distintos momentos aperturista y liberal.  Pero aún dándole crédito a la versión keynesiana-tardía del correísmo que sostiene que el gasto público provoca

crecimiento –y de eso pontificó en Alemania ante la mirada compasiva de la canciller Merkel- el promedio de las cifras que exhibe el Gobierno son parecidas a las obtenidas en Gobiernos previos. Si la hipótesis fuere acertada, el gasto debía haber generado tasas mayores de crecimiento. No obstante, vista la historia, es evidente que la política de la dictadura de los setenta reproducida en la dictadura del siglo XXI, conducirá a los mismos efectos. Sin inversión privada, ampliación de mercados por vía de acuerdos comerciales y crecimiento del sector real, el crecimiento es un castillo de naipes. Conclusión que se deriva de una sencilla simulación sobre cuál sería el estado real de la economía ecuatoriana sin un Estado opulento y dispendioso.