3 de agosto de 2013

Las lecciones del Chucho


Por: Marlon Puertas.

Dentro de la civilización del espectáculo de la que habla Vargas Llosa, las muertes ocupan un lugar preponderante. Las noticias relacionadas con esos tristes acontecimientos ocupan tiempo y espacios amplísimos que la sociedad consume y demanda todavía más. Los medios gustosos la complacen, venden a buen ritmo y el dolor, que es compartido y sincero, resulta, de paso, rentable. Así somos.

Particularmente, me siento como un desgraciado, porque siempre me le cargué mucho al Chucho por sus errores en la Selección. Me caía mal. La muerte se encarga de darnos lecciones a quienes quedamos. No envío disculpas porque no tengo enlace con el más allá. Solo me someto a la vindicta pública por haber ofendido a un futbolista que dio todo lo que pudo. No se trata únicamente de hablar bien de los muertos. Los errores que cometemos a diario deben ser meditados a conciencia. El afán desmedido por el dinero es uno de ellos. Ya lo dijo Mujica: tómense una pausa, respiren hondo, ganen menos plata y ganen más vida.

Los representantes de los futbolistas deben también pensar que un buen futuro para un deportista no es solo que gane más dinero. También es que rinda mejor, que se vuelva más competitivo, que su nombre crezca.Y la asesoría debe ser integral: que sigan formándose, que estudien idiomas, que aprendan un poco de las culturas nuevas a las que llegan como auténticas estrellas. Eso les dará un mejor desenvolvimiento en las canchas y fuera de ellas. Ahora vemos, con dolor, que tan importante resulta esto.

El mercado millonario de los futbolistas, en el fondo, termina siendo cruel. Somete con cifras astronómicas para un mortal que no tiene físico ni para dar una vuelta a la manzana, la voluntad de buenos chicos privilegiados por naturaleza, que luego tendrán que defenderse y demostrar lo que valen, solos en una cancha.

Sirven mientras están en plenitud de condiciones, mientras sus piernas corran, mientras sus saltos sean largos, mientras no pierdan velocidad. Ellos no se quedan con los millones, solo una parte. El moderno comercio de gladiadores es mundialmente aceptado y sacramentado por la Fifa, que vigila que todo salga bien con sus representantes autorizados. Y cuando algo sale mal, como le salió mal al Chucho, envía sus condolencias. 

El fútbol no afloja a su gladiador ni muerto, se lo arrebata a sus familiares y se encarga de todo. Del coliseo en donde será despedido, del orden en las filas para quienes quieran verlo, de la tumba en donde quedarán sus restos.

Miientras tanto, la causa real de su muerte quizá quede como una de las tantas que suelen ocurrir en los hospitales del primer mundo, del segundo, del tercero. Con la versión oficial, con unos familiares que no se atreven a dudar mucho y con un espectáculo que obliga a virar rápido la página luctuosa.


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