20 de mayo de 2013

Ellos y ellas

Gonzalo Dávila Trueba

godavila@hoy.com.ec

Son el principio, el fin y la mitad. Son la esperanza y la cruda realidad. Son el juez, el jurado, el fiscal y la defensa. Son quienes dirimen entre la inocencia y la culpa.

Son todas las repuestas a todas las preguntas. Son, en la cavidad de su colectiva sesera; la totalidad del pensamiento, del criterio y la opinión, y actúan como en manada o nido de comején, avispero zumbador u hormiguero. Fuera de ello está el éter: la nada.

Son los compradores de radares de lata y los inventores de las furgoambulancias. Son quienes dan el dinero oportuno para que no vuelva jamás a nuestro mundo. Se nutren de cheques. Son la ley, son la silla y carpeta, borrador, computadora y programa, profesor, universidad y su pensum. Son el Rincón del Pirata y del Vago. Todo son. ¡Qué pereza!

El whisky, el hielo y el agua ellos son. El mesero que lleva y el cajero que cobra, ellos son. Son la coctelera y el barman. Son la luz y el apagón. Son la carretera, la cascada y la alcantarilla. Son aplanadoras, payloaders cagados de piedras cretácicas y similares ideas. Inmensos taludes y nuevos paisajes que dejan al oso sin casa, al ave sin nido, al nativo huyendo y al cobre hecho hilos; por desgracia, también ellos son.

Son adelantadísimos androides con seso de computadora que les facilita repetir a la "ene" lo que a la "ene" les dicen que hagan. Son el País y el Continente, y quieren jugar con el mundo como ya lo hizo Chaplin en El Gran Dictador. Mas, cual en la Tierra sucede, ignoran que hasta en ella dos polos existen para ponderar que lo unipolar no funciona, falsea, se inclina y corroe la mente de sus seguidores. Mejor escuchar: ¡Que nadie les dice que no hagan! Les piden obrar pero sin chillar, ordenar sin martirizar y dejar, si fuese posible, un pequeño espacio sin el intenso olor a seco de chivo.

Habíamos pensado siete años ha, que nuestro turno llegaba. La Nueva República, donde podríamos pensar, hablar, contradecir, oponer criterios y felices celebrar la muerte absoluta de la partidocracia. Pero no contábamos con el mimetismo camaleónico político que hace que todo se parezca a lo Abdálico, Fabiánico o Jamílico, por nombrar un pite de lo mucho que sufrido tenemos. Me haré "partidocracio" para tratar de encontrar un precioso país, lleno de esperanza y con vista al mar, que lo perdí una tarde de crudo invierno hace ya algunos años.
Artículo tomado del Diario Hoy, 18 de mayo del 2013

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